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Hoy ha sonado otro aviso por los altavoces. Y para ser sincero, reconozco que tampoco me ha sorprendido tanto.
Y es que, en el fondo, sabía que era cuestión de tiempo que me cazaran por lo de la semana pasada. Cuando he ido al despacho del señor Winsky, éste estaba enfadado de verdad. Me ha dicho que «una fuente anónima» le ha informado de que yo fui el culpable de la persecución con las lombrices. Me ha declarado suspendido de la brigada de voluntarios, con «efecto inmediato».

La verdad es que no hace falta contratar a un detective para saber que la fuente anónima ha sido el mismo Rowley. Aun así, me cuesta trabajo creer que Rowley haya podido traicionarme de esta manera. Mientras estaba recibiendo el broncazo del señor Winsky, pensaba en que tenía que explicarle a mi amigo alguna que otra cosa sobre la lealtad. Hoy mismo han restituido a Rowley en su puesto de voluntario.
Y no sólo eso: LO HAN ASCENDIDO.
Según el señor Winsky, Rowley ha sido «capaz de mantener la dignidad bajo una acusación injusta».

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El señor Winsky estuvo echándole la bronca a Rowley durante diez minutos y le dijo que, con su actitud, «había deshonrado la insignia de voluntario».

Me parece que conozco los verdaderos motivos de la reprimenda. La semana pasada, Rowley tenía un examen
durante la cuarta clase y fui yo solo a acompañar a los pequeños.

Como esa mañana había llovido, había muchas lombrices en la acera. Entonces decidí divertirme un rato con los chavales.

Pero una señora del barrio vio lo que estaba haciendo y me gritó desde el porche de su casa.

Era la señora Irvine, que es muy amiga de la madre de Rowley. Debió confundirme con Rowley, porque me
había prestado su abrigo. Tampoco era plan pararse a darle explicaciones.

Me había olvidado totalmente del asunto hasta hoy.

En cualquier caso, el señor Winsky le dijo a Rowley que mañana iba a tener que pedir disculpas a los
pequeños y que además quedaba suspendido como voluntario durante una semana.

Otra de las tiras se titulaba «Los profes atontados» y su autor era un chico llamado Bill Tritt. Bill siempre está castigado, así que supongo que se la tiene jurada a todos los profesores del colegio, incluido el señor Ira.

Por lo tanto, tampoco creo que la tira cómica de Bill tenga muchas posibilidades.

Para las dos primeras tiras, yo me encargué de escribir el texto y también de dibujar a los personajes.

Rowley trazó las viñetas alrededor de los dibujos.

Rowley empezó a quejarse de que no le dejaba hacer nada, así que le permití escribir los textos de algunas tiras.

Pero, para ser sincero, la calidad de nuestro trabajo sufrió un bajón cuando Rowley empezó a hacer de guionista.
En un momento dado, me harté de los ¡Gajes del oficio! y le dejé a Rowley que lo hiciera él.

Y aunque resulte difícil creerlo, Rowley como dibujante era todavía peor que escribiendo los textos.

Le dije a Rowley que lo mejor era probar con algunas ideas nuevas, pero él quería seguir con los ¡Gajes del oficio! Así que recogió sus dibujos y se fue a casa,
cosa que me pareció bien. De todas maneras, no me gustaba la idea de asociarme con alguien que dibujaba a los personajes sin narices .

Los diseños de Rowley

La tira cómica «Gajes del oficio» me trae por la calle de la amargura. Rowley se está llevando todos los méritos de unas viñetas que creamos los dos en equipo. Consideré que al menos debería citar mi nombre como coautor.

Así que, después de clase, fui a buscarle y le pregunté qué pensaba hacer al respecto. Pero Rowley dijo que «Gajes del oficio» había sido una idea totalmente SUYA y que yo no había tenido nada que ver.

Supongo que discutíamos en voz muy alta, porque a nuestro alrededor se fue congregando un montón de gente.