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Desde el asunto de las lombrices, Rowley se ha estado juntando con Collin Lee todos los días después de clase. Lo que más me fastidia es que se supone que Collin es MI amigo de repuesto.

Lo de estos dos está alcanzado cotas verdaderamente ridículas. Hoy, Collin y Rowley iban uniformados con el mismo par de camisetas. Es que daban ganas de vomitar.

Ayer, a última hora, vi que Rowley y Collin iban subiendo la cuesta juntos. Collin llevaba su bolsa de viaje. Estaba claro que Rowley lo había invitado a dormir a su casa.

Y pensé que todos podíamos jugar a ese juego. La mejor manera de recuperar a Rowley era hacerme con un nuevo amigo de mi propiedad. Pero, por desgracia,la única persona que me vino a la cabeza en ese momento fue Fregley.

Me dirigí a casa de Fregley con mi bolsa de viaje, de modo que Rowley se diera cuenta de que yo también tenía otras posibilidades.

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Hoy ha sonado otro aviso por los altavoces. Y para ser sincero, reconozco que tampoco me ha sorprendido tanto.
Y es que, en el fondo, sabía que era cuestión de tiempo que me cazaran por lo de la semana pasada. Cuando he ido al despacho del señor Winsky, éste estaba enfadado de verdad. Me ha dicho que «una fuente anónima» le ha informado de que yo fui el culpable de la persecución con las lombrices. Me ha declarado suspendido de la brigada de voluntarios, con «efecto inmediato».

La verdad es que no hace falta contratar a un detective para saber que la fuente anónima ha sido el mismo Rowley. Aun así, me cuesta trabajo creer que Rowley haya podido traicionarme de esta manera. Mientras estaba recibiendo el broncazo del señor Winsky, pensaba en que tenía que explicarle a mi amigo alguna que otra cosa sobre la lealtad. Hoy mismo han restituido a Rowley en su puesto de voluntario.
Y no sólo eso: LO HAN ASCENDIDO.
Según el señor Winsky, Rowley ha sido «capaz de mantener la dignidad bajo una acusación injusta».

Era consciente de que debía explicarle al señor Winsky que era yo quien perseguía a los chicos con las lombrices. Pero todavía no me encontraba mentalizado para aclarar la situación. Sabía que, si confesaba, me iba a quedar sin la taza de chocolate de los voluntarios. Y eso es básicamente lo que me ha hecho mantener el pico cerrado.

Esta noche, durante la cena, mamá me notó preocupado. Así que cuando más tarde subí a mi habitación, ella vino detrás para hablar conmigo.

Le dije que me encontraba en una situación difícil y que no sabía qué hacer.

Reconozco que mamá supo llevar muy bien el asunto. No trató de entrometerse ni de averiguar los detalles. Tan sólo me dijo que intentara «hacer lo correcto», porque son las decisiones que tomamos las que nos definen como las personas que somos.

La verdad es que es un consejo magnífico. Pero sigo sin estar seguro de lo que voy a hacer.

El señor Winsky estuvo echándole la bronca a Rowley durante diez minutos y le dijo que, con su actitud, «había deshonrado la insignia de voluntario».

Me parece que conozco los verdaderos motivos de la reprimenda. La semana pasada, Rowley tenía un examen
durante la cuarta clase y fui yo solo a acompañar a los pequeños.

Como esa mañana había llovido, había muchas lombrices en la acera. Entonces decidí divertirme un rato con los chavales.

Pero una señora del barrio vio lo que estaba haciendo y me gritó desde el porche de su casa.

Era la señora Irvine, que es muy amiga de la madre de Rowley. Debió confundirme con Rowley, porque me
había prestado su abrigo. Tampoco era plan pararse a darle explicaciones.

Me había olvidado totalmente del asunto hasta hoy.

En cualquier caso, el señor Winsky le dijo a Rowley que mañana iba a tener que pedir disculpas a los
pequeños y que además quedaba suspendido como voluntario durante una semana.

Hoy, cuando Rowley y yo estábamos en la cafetería disfrutando de nuestra taza de chocolate caliente con los demás voluntarios, sonó un aviso por los altavoces.

Rowley se fue a ver al señor Winsky a su despacho. Cuando regresó un cuarto de hora más tarde,
parecía bastante alterado.

Al parecer, una madre había llamado al señor Winsky diciendo que había visto cómo Rowley estaba «aterrorizando» a los pequeños, cuando se suponía que los estaba acompañando de casa al colegio. Y el señor Winsky estaba furioso.

Otra de las tiras se titulaba «Los profes atontados» y su autor era un chico llamado Bill Tritt. Bill siempre está castigado, así que supongo que se la tiene jurada a todos los profesores del colegio, incluido el señor Ira.

Por lo tanto, tampoco creo que la tira cómica de Bill tenga muchas posibilidades.

Hoy teníamos educación física y lo primero que he hecho ha sido ir a la cancha de baloncesto, para comprobar si la loncha de queso seguía allí. Y en efecto, allí seguía.
Esa loncha de queso lleva sobre la pista desde la primavera pasada. Debió de caerse del sándwich de alguien, supongo. El caso es que apenas dos días después empezó a ponerse mohoso y repugnante.Desde entonces, nadie ha querido jugar al baloncesto
en la cancha del queso, y eso que es la única que tiene redes en los aros.
Un día, Darren Walsh tocó el queso con el dedo y entonces fue cuando empezó lo que llamamos la Maldición del Queso. Es como cuando juegas a tula (tú-la-llevas). Si tienes la Maldición del Queso, la has pringado hasta que consigas pasársela a otro. Todo el mundo huye de ti.

Hoy nos han asignado los grupos de lectura en el colegio. No vienen y te dicen que te han puesto en el grupo de lectura fácil o en el de lectura avanzada, pero te lo imaginas enseguida cuando ves los títulos de los libros que vamos a utilizar.

Me decepcionó saber que me habían incluido en el grupo de los avanzados, porque eso significa que tienes que trabajar más.

Hoy ha sido nuestro primer día en la brigada de voluntarios. Rowley y yo no tenemos un puesto fijo en el cruce de una calle, como el resto de los voluntarios, así que no tenemos que permanecer de pie pasando frío desde una hora antes de empezar las clases. Eso no nos impidió disfrutar de la taza de chocolate gratis que dan en la cafetería a todos los voluntarios antes de empezar la faena. Otra gran ventaja es que podemos llegar diez minutos tarde a la primera clase.
Ya lo decía, es un auténtico chollazo esto de apuntarse a la brigada de voluntarios.

Hoy nos han dicho sobre qué tenemos que hacer el proyecto de tecnología. Puede que suene increíble, pero tenemos que construir un robot. Al principio todos parecíamos bastante alarmados,porque creíamos que había que hacer un robot de verdad, partiendo de cero.
Pero el señor Darnell nos explicó que no se trata de construir un robot físicamente. Tan sólo tenemos que ir aportando ideas sobre qué aspecto debería tener y qué cosas debería ser capaz de hacer. Luego salió de la clase y nos dejó para que nos buscáramos la vida. Empezamos con un intercambio de ideas, para reunir las sugerencias de todos. Escribí varias de ellas en la pizarra.

El robot debería:
-Hacer mis deberes
-Lavar platos
-Hacer el desayuno
-Lavarme los dientes
Todo el mundo quedó impresionado con mis ideas. Pero era cuestión de lógica pura. Bastaba escribir las cosas que no te gusta hacer a ti.