Era consciente de que debía explicarle al señor Winsky que era yo quien perseguía a los chicos con las lombrices. Pero todavía no me encontraba mentalizado para aclarar la situación. Sabía que, si confesaba, me iba a quedar sin la taza de chocolate de los voluntarios. Y eso es básicamente lo que me ha hecho mantener el pico cerrado.

Esta noche, durante la cena, mamá me notó preocupado. Así que cuando más tarde subí a mi habitación, ella vino detrás para hablar conmigo.

Le dije que me encontraba en una situación difícil y que no sabía qué hacer.

Reconozco que mamá supo llevar muy bien el asunto. No trató de entrometerse ni de averiguar los detalles. Tan sólo me dijo que intentara «hacer lo correcto», porque son las decisiones que tomamos las que nos definen como las personas que somos.

La verdad es que es un consejo magnífico. Pero sigo sin estar seguro de lo que voy a hacer.