Hoy teníamos educación física y lo primero que he hecho ha sido ir a la cancha de baloncesto, para comprobar si la loncha de queso seguía allí. Y en efecto, allí seguía.
Esa loncha de queso lleva sobre la pista desde la primavera pasada. Debió de caerse del sándwich de alguien, supongo. El caso es que apenas dos días después empezó a ponerse mohoso y repugnante.Desde entonces, nadie ha querido jugar al baloncesto
en la cancha del queso, y eso que es la única que tiene redes en los aros.
Un día, Darren Walsh tocó el queso con el dedo y entonces fue cuando empezó lo que llamamos la Maldición del Queso. Es como cuando juegas a tula (tú-la-llevas). Si tienes la Maldición del Queso, la has pringado hasta que consigas pasársela a otro. Todo el mundo huye de ti.