Hoy ha sido nuestro primer día en la brigada de voluntarios. Rowley y yo no tenemos un puesto fijo en el cruce de una calle, como el resto de los voluntarios, así que no tenemos que permanecer de pie pasando frío desde una hora antes de empezar las clases. Eso no nos impidió disfrutar de la taza de chocolate gratis que dan en la cafetería a todos los voluntarios antes de empezar la faena. Otra gran ventaja es que podemos llegar diez minutos tarde a la primera clase.
Ya lo decía, es un auténtico chollazo esto de apuntarse a la brigada de voluntarios.