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Una manzana alcanzó a Patty en la cabeza, las gafas se le cayeron al suelo y se rompió un cristal. Entonces la profe tuvo que interrumpir la función, porque, sin sus gafas, Patty no ve dos palmos más allá de sus narices. Cuando terminó la función, regresé a casa con mi familia. Mamá había traído un ramo de flores, supongo que para entregármelo al final de la obra. Pero acabó tirándolo a una papelera cuando se dirigía a la salida.
A pesar de todo, espero que todos los asistentes a la función se lo pasaran tan bien como yo.
La señora Norton nos puso la película «El mago de Oz», para que todos estuviéramos familiarizados con la historia. Yo me preguntaba qué papel iba a tocarme, aunque todos los personajes tienen que cantar o bailar en un momento u otro. Cuando la película iba por la mitad, ya sabía qué papel quería para mí. Voy a apuntarme para ser un árbol porque: 1) los árboles no tienen que cantar, y 2) le tiran manzanas a Dorothy.
Atizarle unos manzanazos a Patty Farrell en mitad de la escena, con todo el mundo viéndolo, es como un sueño dorado. Cuando esto termine, tengo que darle las gracias a mamá por haberme obligado a hacer esta obra.
Mamá subió esta noche a mi habitación, con una octavilla en la mano. En cuanto la vi, supe EXACTAMENTE de qué se trataba.
Era un anuncio de las pruebas para la representación de invierno del instituto. ¡Rayos! Tenía que haber tirado ese papel a la basura cuando lo vi encima de la mesa de la cocina.
Le SUPLIQUÉ a mamá que no me hiciera apuntar a las pruebas. Estas representaciones son siempre obras
musicales, y lo último que necesitaba era tener que cantar en solitario delante de todo el mundo.
La obra que se va a representar este año es «El mago de Oz». Muchos chicos llegaban disfrazados de
los papeles que querían representar.
Yo no había visto la película, así que era como estar en un baile de frikies.
Teóricamente, Rowley es mi mejor amigo. Pero me parece que eso va a cambiar.
He estado evitando su compañía desde que el primer día del curso hizo algo que me irritó mucho.
Estábamos cogiendo nuestras cosas de las taquillas a última hora, cuando llegó Rowley y dijo:
¿QUIERES VENIR A MI CASA A JUGAAAR?
Le he dicho un millón de veces a Rowley que ahora estamos en el instituto y se supone que ya no vamos
«a casa a jugar», sino que ahora «salimos por ahí» o «nos viciamos con la consola». Pero no importa
cuántas veces se lo explique, siempre se le olvida.
He intentado cuidar mi imagen desde que empezamos el instituto. Pero tener al lado a Rowley no ayuda nada.
Algún día seré famoso, pero por el momento tengo que aguantar aquí, en el instituto, en compañía de un puñado de cretinos.
Quiero dejar constancia de una cosa: opino que el instituto es la cosa más estúpida que jamás se haya inventado. Tienes chicos como yo, que todavía no hemos pegado el estirón, mezclados con todos estos gorilas que ya se afeitan dos veces al día.


